Metafísica, utopía y dolor en Lesabéndio
de Paul Scheerbart


ENERO 2017


El presente ensayo parte de una novela de un escritor alemán, Paul Scheerbart llamada Lesabéndio, publicada en 1913. La conexión con la Escuela de Frankfurt surge de Walter Benjamin, fiel admirador de la obra de Scheerbart. Es además conocido que Gershom Scholem introdujo a Benjamin en éste cuando le regaló un ejemplar de la novela como obsequio en su boda, en 1917. Esa admiración de Benjamin por Scheerbart se refleja en las referencias al autor y a su obra que haría en algunos de sus escritos y ensayos como ‘Experience and Poverty’ o ‘The Destructive Character’. El pensador pretendía escribir un ensayo más extenso sobre Lesabéndio en ‘The True Politician’, que no fue publicado.

Lesabéndio es una novela de ciencia ficción que trata sobre el proyecto de construcción de una gran torre que los habitantes del asteroide Pallas quieren llevar a cabo. Estos habitantes son unos seres llamados pallasianos, cuyo objetivo de la construcción de la torre es acercarlos al sistema cabeza del asteroide para lograr conocer qué hay más allá de su mundo y dar respuesta a las incógnitas sobre su existencia y el funcionamiento del lugar que habitan. El comentario va a centrarse en explorar la temática utópica en la que está inmersa la novela, así como tratar de desentrañar las cuestiones fundamentales que subyacen a la obra.

Para Scheerbart salir de la Tierra supone explorar una forma de utopía que responde a unas leyes naturales distintas a las de los terrestres. A pesar de que, por tanto, hay una serie de conceptos que deben ser reformulados por su distanciamiento con las categorías de lo humano (la vida, la muerte, el trabajo, la alimentación). No hay que olvidar que el sistema que idea en su obra guarda claras similitudes con las de la existencia humana, algo que se confirma sobre todo a final de la novela y en la que más adelante se ahondará.
Encuentro necesario hacer una distinción de los dos estados que se dan en la historia para así analizar con detenimiento la naturaleza de los seres que protagonizan la novela. A pesar de que podríamos trazar tres fases (antes de la construcción de la torre, durante y después), creo que es más conveniente aproximarse a su análisis partir de la división en dos etapas: (1) el contexto que hay propiamente antes de la construcción de la torre y que se encontraría fuera del marco narrativo, y (2) lo que sucede una vez surge la idea de construcción de la torre y el proyecto se lleva a cabo. De esta forma la comparación se adivina más clara y se eliden posibles redundancias.

Por lo que respecta a la primera etapa, como apunte de análisis literario, cabe aclarar que este contexto existe brevemente en las primeras páginas del libro y sabemos de sus condiciones porque a lo largo de la historia se hace referencia a etapas anteriores de la historia del astro. Por lo que se refiere a la primera etapa de la obra, cabe apuntar que Lesabéndio, parte de un sistema utópico al inicio del libro, aunque no por ello perfecto. Y es que en los pallasianos muy a menudo se da un estado de letargo[1] en el que reina el estancamiento fruto de la ausencia total de negatividad, de mal radical: condiciones que hacen del Pallas, un asteroide utópico.[2]
Según Kateb, en referencia a la concepción vital utilitarista de John Stuart Mill: “una vida gastada deliberadamente en la búsqueda de placeres –intensos o no– debe concluir en dolor, el dolor de la languidez, del hastío, de la irritabilidad”. Eso es, precisamente lo que sucede en el Pallas: el excesivo cultivo del hedonismo, según Lesabéndio (o Lesa), el protagonista de la novela, es lo que aboca a sus compañeros a un estado de apatía.[3] Los pallasianosllevarían una vida buena[4] en toda regla, pero está claro que no es lo suficientemente estable o plena, pues se desestabiliza en cuanto surge un proyecto que se sale de lo habitual en el Pallas. Sin embargo, considero que es interesante conocer las condiciones que hacen del Pallas un astro utópico, y es por ello que a continuación me propongo hacer un repaso por las cuestiones principales acerca del funcionamiento de la vida en la singular sociedad, con el objetivo de posteriormente confrontar este paradigma inicial con el siguiente y trazar así la evolución que se da a cabo en la novela.

Uno de los aspectos que a priori saltan a la vista es que en el Pallas no hay ningún tipo de jerarquía que determine la superioridad de algunos habitantes por encima de otros. Todos ellos tienen el mismo derecho de acceso a alimento y cobijo sin que ello dependa de la calidad o cantidad de su aportación a la comunidad. Cadapallasiano desempeña una función acorde a sus habilidades e intereses, cuyo trabajo se dedica a mejorar el aspecto del asteroide, sin que ello acarree la transformación total de su entorno y la consiguiente explotación laboral de sus habitantes; se trata, pues, de un progreso muy comedido. No por ello implica que la tecnología no haga acto de presencia, más bien al contrario; lo que no se da es un escenario en el que prevalezca por encima de otros aspectos, y que tenga un peso desmesurado que acapare toda la atención y esfuerzo.
Otra característica que tiene mucho que ver con la horizontalidad de la civilización pallasianaes la inexistencia del género. Éstos son seres asexuados, por lo que no se reproducen. El nacimiento de un nuevo ser se da cuando se abren unas nueces en las que duermen los jóvenes pallasianos; es por tanto un acontecimiento que depende de la voluntad de sus habitantes, por lo que la demografía es algo controlable y regulable. Al igual que el nacimiento es concebido bajo unas condiciones peculiares y alejadas de nuestras leyes naturales, la muerte no es una excepción. Ésta se da cuando un pallasiano, ya cansado y transparente, pide ser absorbido por otro más joven, desintegrándose en su cuerpo y transmitiendo al individuo algunas de las particularidades de su personalidad. Fuera de estas condiciones no se da la muerte por ninguna otra razón, de ahí que la negatividad de esta civilización esté drásticamente reducida: a pesar de que la muerte existe, no hay cabida para el dolor.

Por lo que respecta a la creación artística, en este estadio el arte tiene un gran peso en la vida de los pallasianos. Muchos de ellos poseen sus propios talleres donde llevar a cabo sus creaciones y experimentaciones. La noción del arte del Pallas es un tanto curiosa, y destacan dos figuras cuyas visiones artísticas se contraponen como son Labu, interesado en las líneas curvas y Peka, interesado en ángulos rectos, superficies planas y formas cristalinas. Con la introducción de estos aparentemente banales detalles, Scheerbart hace eco de cuestiones del expresionismo arquitectónico europeo de principios de siglo (1910-1925). El poeta alemán influyó enormemente al arquitecto Bruno Taut con su ensayo aforístico Glasarchitecktur (1914) en el que afirma que, para elevar la cultura, es necesario un cambio en la arquitectura mediante el uso del cristal.[5] No es de extrañar, pues, que la portada de la edición en español de Lesabéndioincorpore una ilustración del ‘Pabellón de Cristal’ de Bruno Taut (1914) para la exposición Werkbund en Colonia, según él: “diseñada en el espíritu de una catedral gótica.” [6] Esta relación entre la mística y la arquitectura es un tema central en la novela, así como la concepción social arquitectónica de Taut, que “propugnaba una nueva obra de arte total que había de ser creada con la participación activa del pueblo.”[7] Las ideas socialistas del arquitecto contrastan a su vez con las concepciones utópicas a las que introdujo Scheerbart, que persiguen “una arquitectura que domina el mundo, que transforma las montañas en arquitectura, que es sobretodo bella y apenas si presta utilidad.”[8] Esta contradicción entre, por una parte la idea de colectividad ligada a las planificaciones arquitectónicas con tintes “totalitarios y míticos”[9], y por otra, entre la necesidad funcional de la arquitectura confrontada con la estética pura, son batallas que Paul Scheerbart plantea en la novela y que se adivinan como confusas pero que provienen de cuestiones reales que se dieron durante la corriente expresionista.

La segunda etapa de la novela, según la distinción que se ha trazado para realizar este análisis se inicia en el momento en el que Lesabéndio se alza como líder de la construcción de la torre. La impronta creacionista del autoproclamado arquitecto responde, por un lado, a lo que Benjamin denominaría ‘barbarismo positivo’[10]. Y por otro, al hecho de no sólo valerse de la técnica, de lo instrumental, para resolver una incógnita acerca de la realidad física, sino también combinarlo con reflexiones de carácter metafísico. En esta última cuestión Biba, el anciano (al que bien podríamos catalogar como filósofo), tiene un papel relevante, pues es el que introduce a Lesa en la consideración de la existencia de una fuerza superior que guía las leyes del universo. Surge así la noción de la divinidad, la idea de sumisión a una fuerza mayor que ellos, que más adelante se personificará en El Sol. El reconocimiento de un ser superior es lo que acaba de dotar de sentido al proyecto arquitectónico; si bien la intención primaria es poder acercarlos a la misteriosa nube que se posa sobre su asteroide, de alguna manera la razón de ser de la torre se confirma a través de los requerimientos de lo divino.[11]
Un aspecto interesante en este punto de la historia es el momento en el que los pallasianosdeben abandonar sus proyectos individuales para dirigir todos sus esfuerzos y medios a la construcción de la torre. La crisis de la individualidad es sin duda el síntoma del final de la utopía, entendiendo ésta como la culminación de la idea de individualidad.[12] Como se ha apuntado anteriormente las concepciones utópicas contrastan con la idea de una participación colectiva y unificadora.

Por lo que respecta a la organización jerárquica, se partía de una organización horizontal, pero con el tiempo, Lesa deviene el líder absoluto del proyecto y surgen otras figuras con responsabilidad y poder de decisión en el proyecto: como Dex, el encargado de la extracción del acero, Nuse, constructor de torres luminosas o Sofanti, encargado en extraer “pieles” de la superficie del asteroide. El establecimiento de esta jerarquía margina a los artistas y a los que se mantienen escépticos con el proyecto, como se apuntará más adelante. Para llevar a cabo el gran proyecto se requiere un mayor número de mano de participantes y es por ello que se esmeran en recolectar las nueces que contienen nuevos pallasianos, así como maximizar el rendimiento del cultivo de los prados de hongos (de los que se alimentan en un peculiar proceso de absorción dérmica) para abastecer a los nuevos habitantes del astro, concebidos con el mero objetivo de conseguir nueva mano de obra y seguir con mayor rapidez la construcción. Se da, pues, tanto una explotación de los recursos naturales como de los pallasianos.

En esta segunda etapa se da el verdadero despertar del progreso técnico. La idea del “perfeccionamiento del astro”[13] hasta entonces estaba más centrada un embellecimiento estético y en la creación artística, que se dejan de lado para dar paso al triunfo de la funcionalidad. Uno de los debates recurrentes durante el proyecto es la inclusión de las creaciones de los artistas Peka, Labu y Manesi en la construcción; éste último rehúsa colaborar en un proyecto cuya finalidad es “exclusivamente el descubrimiento de algo y no el embellecimiento artístico.”[14] Los tres artistas son los que se oponen reiteradamente a las decisiones que involucren el progreso asociado a la funcionalidad. La posterior desintegración de Peka y Manesi en el cuerpo de Lesabéndio sirve de metáfora para ejemplificar la definitiva muerte del arte. El dolor es una dimensión que se introduce en esta etapa, cuyo primer indicio de éste se manifiesta a través del cansancio y las heridas causadas en el proceso de construcción de la torre, así como del dolor psicológico, encarnado por Peka y los artistas. Su llanto, consciente de la marginación del arte en el proyecto, les lleva a redescubrir la existencia de las lágrimas, así como su poder sanador.[15]

Lesabéndio, una vez completada la torre, se catapulta desde lo alto de la construcción hacia la misteriosa nube, lo que le permite ver el cosmos como hasta antes no lo había hecho, así como escuchar los mensajes que le transmiten el Sol y otros desconocidos entes planetarios.[16] En ese proceso, que finaliza con la muerte de Lesa. Él y los pallasianos experimentan fuertes dolores fruto de las sacudidas del asteroide en el proceso de desintegración y fusión del protagonista en el cuerpo del astro. Lesabéndio acaba falleciendo de una forma completamente inédita hasta entonces, y a esa novedad cabe añadirle el carácter suicida y voluntario de ésta. Lo que le empuja a decidir emprender esa acción es la necesidad de adentrarse en lo desconocido, por “ver (…) lo Nuevo, lo Colosal, lo Abrumador”[17], fruto también, de la embriaguez que ello le provoca. Tener contacto con lo hasta entonces desconocido y conocer la verdad se paga con la muerte de Lesa, pero ésta no es en vano en el momento en el que deviene una suerte de mesías: transmite a sus compañeros mensajes premonitorios que les instan a acoger y a no temer al dolor. Ese pretexto de no temer al sufrimiento supone, como se ha apuntado, no poner trabas a la transformación, al progreso. El dolor es, pues, entendido como el camino hacia la evolución, como algo irremediable pero también “transformador”. La existencia del dolor es lo que también da sentido al placer y lo eleva, aunque en el mensaje divino hay también la intención de banalizar el dolor como no más que “una sensación demasiado intensa”.[18] Como dice Kateb: “la eliminación del dolor, supone, al mismo tiempo, la eliminación de los placeres más intensos.”[19], pues el dolor lleva en sí la promesa de un futuro mejor, la promesa de la utopía.

Llegados a este punto surge la reflexión acerca de lo innecesario de todo el proceso: lo que les depara a los habitantes del Pallas es, posiblemente, una vida muy similar a la que ya tenían, muy ajustada a la definición de utopía. Y siguiendo la línea de los acontecimientos, esa utopía no durará para siempre y muy posiblemente se emprenderá de nuevo un camino hacia el progreso.
Según Benjamin [20], en Lesabéndio hay tanto una burla hacia la humanidad del presente como esperanza en la humanidad del futuro. La ambivalencia se manifiesta en la propia naturaleza del escrito; Scheerbart idea una “humanidad” o una “especie” con unas facultades superiores a las de los humanos, –su biología está muy avanzada: pueden volar, modelar su cuerpo y convertir sus ojos en lentes de aumento y además cuentan con un mantenimiento muy bajo dado que sólo necesitan alimentarse una vez al día– y sin embargo, ello no les priva de caer de alguna manera en “errores” o prácticas propias de los terrícolas, y que no son deseables. Ese “error” en el que caen los pallasianos (o más concretamente en los que confían y colaboran en el proyecto de construcción de la torre) es su –desmesurada– fe en el progreso técnico como vía para desentrañar uno de los misterio de su existencia. Pero en el Pallas hay tanto un triunfo de la razón instrumental (materializada en la arquitectura) como un triunfo de lo mítico o lo espiritual, cuyo sentido se va desplegando a lo largo de la obra y concluye en atribuir al Sol un poder divino. Se confirma, de esta forma, la ambivalencia o la contradicción fruto de la combinación de estas dos cuestiones, aparentemente opuestas.

Cabe apuntar que, precisamente la utopía, según Lewis Mumford, es “el principio de todo progreso, y el ensayo para un futuro mejor.”[21] Y es por ello que, de alguna forma, Lesabéndio constituye un caso excepcional de utopía que deja en suspensión un futuro que precisamente no avecina prometedor. Se podría decir que la obra se encuentra en el umbral entre la utopía y la distopía. Precisamente Scheerbart no pretende formular una utopía per se: es decir, plantear un modelo de sociedad deseable que nos sirva de referente; sino hacer lo contrario, plantear un panorama termina corrompiéndose por la excesiva confianza en la “conquista de la felicidad por medio de la técnica.”[22] y hacer vernos reflejados en él.

Notas

[1] “muy a menudo (…) los pallasianos se encontraban cansados y deseaban morir.” Scheerbart, 2014, p. 32
[2] “La utopía es la «negación de la negación» […] es au fond, lo opuesto al mundo real: […] una sociedad en la que el mal radical ha sido abolido y en la que las necesidades humanas se satisfacen en el grado más elevado posible; […] una sociedad en la que todo dolor evitable es eliminado y el placer potenciado al máximo. Es precisamente en la utopía donde, en definitiva, prevalecerá el principio utilitario, libre de la dilución que sufre ese principio en el mundo real a manos de la inercia, de la irracionalidad y de los intereses siniestros”. Kateb, 1982, p. 292
[3] “—Qué cansados estáis todos. Y a decir verdad esto os ocurre porque no concentráis vuestros pensamientos en un único proyecto que, además de grandioso, también es bastante simple.” Scheerbart, 2014, p. 32
[4] “la vida buena (…) es la vida contemplativa (…) dedicada a la adquisición y al uso del saber, al autodeleitoso ejercicio de las capacidades intelectuales, (…) a la perceptividad para la belleza de las obras de arte.” Ibíd., p. 306
[5]Frampton, p. 118
[6] Ibíd.
[7] Ibíd., p.119
[8]Kruft, p. 642
[9] Ibíd.
[10]  “What does poverty of experience do for the barbarian? It forces him to start from scratch, to make a new start (…) to begin with a little and build up further”. Benjamin, 1999, p. 732
[11]“El sistema de cabeza se ha unido al sistema de tronco del Pallas de manera indisoluble — Dijo Dex acelerado. — Ahora nadie podrá decir que hemos construido esta torre en vano. (…) Hemos hecho lo que el tronco y la cabeza de nuestro astro deseaban.” Scheerbart, 2014, p. 156
[12]Kateb, 1982, p. 291
[13] Scheerbart, 2014, p. 33
[14] Ibíd., p. 36
[15]Resulta curiosa la correlación entre herida y llanto, fenómeno auto-concluyente y que guarda una relación causal.
[16]“Uno de los saberes más importantes de nuestro gran Sol (…) es que solo el dolor y el sufrimiento pueden ser considerados como las mayores fuentes de felicidad. No tiene ningún sentido que tengamos miedo a lo espantoso. Lo espantoso nos lleva siempre más allá. Nos transforma. Y nosotros no podemos transformarnos si huimos del dolor y del sufrimiento. ¡Escucha solo aquello que el Sol te va a decir! (…) —No temas al dolor, ni tampoco a la muerte.” Scheerbart, 2014, p. 154
[17] Ibíd., p. 153
[18] Ibíd., p. 163
[19] Kateb,1982, p. 294
[20]Benjamin, 2004, p. 387
[21]Mumford, 1959, p. 22
[22]De Micheli, 1993, p. 71


Bibliografía

Benjamin, W. (2003) Selected Writings, Volume 4: 1938 - 1940(Howard Eiland, Michael W. Jennings Eds; Edmund Jephcott, and others; Trads.). On Scheerbart (pp. 386 - 388). Cambridge, Massachussets; London: The Belknap Press of Harvard University Press.

Benjamin, W. (1999) Walter Benjamin: Selected Writings, Volume 2: Part 2, 1931-1934 (Michael W. Jennings, Howard Elisand and Gary Smith, Eds; Rodney Livingstone and others, Trads.). Experience and Poverty (pp. 731 - 736) Cambridge, Mass.; London: The Belknap Press of Harvard University Press.

Cronan, T. (2014) The meaning of pain. Radical philosophy, nº185. Recuperado de: http://arthistory.emory.edu/home/documents/faculty/Cronan,%20Scheerbart,%20rp185_reviews.pdf

De Micheli, M. (1993) Las vanguardias artísticas del siglo XX (Sanchez Gijón, A., Trad.) Madrid: Alianza Editorial.

Felip, L. (2017, febrero) La pobreza de la experiencia y el trabajo de lo negativo. Notas a una lectura de Hegel y Benjamin., Luis Felip, Blog de filosofía. Recuperado de: https://luisfelip.net/2017/02/16/la-pobreza-de-la-experiencia-y-el-trabajo-de-lo-negativo-notas-a-una-lectura-de-hegel-y-benjamin/

Frampton, K. (1993) Historia crítica de la arquitectura moderna (Riambau i Sauri, E. Trad.)6ª Edición. Barcelona: Editorial Gustavo Gili

Gelley, A (2014). Lesabéndio: An asteroid novel by Paul Scheerbart. Recuperado de:https://www.researchgate.net/publication/285489985

Kateb, G. (1982) La utopía y la vida buena. (pp. 289-311). E. Manuel, F. (comp.) Utopías y pensamiento utópico. Madrid: Espasa-Calpe.

Kruft, H. W. (1990) Historia de la teoría de la arquitectura: Vol. 2. Desde el siglo XIX hasta nuestros días. (Diener Ojeda, P., Trad.) Madrid: Alianza Editorial.

Mill, J. S. (1891) El utilitarismo (Antonio Zozaya, Trad.). Madrid: Dirección y Administración.
Mumford, L. (1959)The story of utopias. Gloucester, Massachussetts: Peter Smith

Finkelde, D.; Webels, E.; Garza Camino, T.; Mancera, F.; coords. (2007) Topografías de la modernidad: el pensamiento de Walter Benjamin. Walter Benjamin: arte, religión y política. (p.117). México: Ediciones Nueva Visión. Recuperadode: https://books.google.es/books/about/Topograf%C3%ADas_de_la_modernidad.html?id=wquSB6hj1hwC&redir_esc=y

Perucci, C. (2010) Decadencia, revolución y esperanza en Walter Benjamin. Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3406511.pdf
Scheerbart, P. (2014)Lesabéndio: una novela de asteroides(Alguacil, A. Trad.) Ediciones Traspiés.

Mark